Casi todo el mundo llega pensando que el matcha es té verde en polvo. Se va sabiendo que no es exactamente té, o no como los demás.
El sábado 15 de agosto nos fuimos a Casa Ēquilibra, en Casa de Campo, La Romana, para dar el primer taller de VeryMatcha junto a @equilibra__now. Una hora, donde cada quien batió su propio matcha.
No fue una demostración con público mirando: cada participante se preparó y se llevó su propio matcha latte de leche de pistacho con syrup de dátiles.

Cinco cosas que nadie se espera.
- No lo infusionas: te lo tomas entero. Con cualquier otro té metes la hoja, la sacas y te tomas el agua. Con el matcha te tomas la hoja completa, molida en polvo y batida. Por eso trae más de todo y por eso sabe distinto a cualquier otro té.
- Lo tapan del sol a propósito. Tres o cuatro semanas antes de cosechar cubren los campos y le bloquean hasta el 90% de la luz. Sin sol, el compuesto que da el amargor no se llega a formar, y la planta produce más clorofila para compensar. De ahí salen el dulzor y ese verde tan intenso.
- «Ceremonial» y «culinario» no existen en Japón. Son dos palabras que se inventaron afuera para vender. Allá se habla de la zona, del cultivar, de la cosecha y de cómo se trabajó la hoja. Ninguno es mejor que el otro: uno delicado se pierde dentro de un latte igual que uno robusto se siente tosco batido solo.
- La cucharita de bambú es un instrumento de medida. El chashaku carga un gramo por cucharada, y es tan constante que las recetas tradicionales se escriben en chashaku y no en cucharaditas. Lleva cinco siglos casi con la misma forma.
- Los grumos no son culpa del batidor. El polvo se compacta dentro del envase y el chasen solo no deshace esos bloques. Hay que cernirlo. Ese es el paso que todo el mundo se salta.


A 100 grados se quema el polvo y sale todo el amargor de golpe. Es el error más común y el más fácil de arreglar: apaga la hervidora antes, o échale un chorrito de agua fría.
El orden sí importa.
Esta fue la parte que más gente se llevó anotada, porque cambia el trago sin cambiar un solo ingrediente. El sirope va al fondo del vaso vacío. Encima un chorrito de leche. Después el hielo y el resto de la leche. Y el matcha de último, por arriba, para que quede la capa verde.
El sirope nunca toca el hielo primero: si lo toca se queda pegado abajo y el vaso sale desbalanceado, dulce al final y aguado al principio.
De dosis: 1.5 a 2 gramos en un vaso de 8 onzas, 2 a 2.5 en uno de 12 y 2.5 a 3 en uno de 16. De tres gramos para arriba el matcha deja de leerse mejor y empieza a resecar la boca.

Cómo se vio.
Todo el taller, en PDF.
El material completo quedó publicado: de dónde viene el ritual, cómo elegir el matcha, cómo guardarlo, las medidas, el usucha, el koicha y las recetas. Está en la página del taller, junto con lo que recomendamos para montar la estación en casa.
Y si prefieres que te lo preparemos nosotras: estamos en PedidosYa, y montamos la barra completa en tu evento. Nos vemos también el 22 y 23 de agosto en el pop-up de MILA, en Volvo.
The Art of Matcha se impartió el sábado 15 de agosto de 2026 en Casa Ēquilibra, Casa de Campo, La Romana, en colaboración con @equilibra__now. Gracias a todas las que fueron.
